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viernes, 5 de marzo de 2010

Sonrisas como niños...


Ella se estaba columpiando despacito justo delante mía mientras que hablabamos de nosotros dos, de lo que la gente decía, de como empezó todo y cuando paró, me acerco a ella, cogiéndome del cuello de la camiseta y me besó, ese fue diferente a muchos otros que ya me había dado, me trasladó a mi infancia y no sabía por qué...

Era pequeño, llovía mucho, un día de invierno, llovía tanto que solo se oía agua, ni los coches, ni el viento, ni a mi madre riendo por verme bailando y brincando bajo la lluvia, pero aún así me acuerdo de todos los ruidos que interrumpían la felicidad de ella...
De repente me soltó la mano, me dijo corre, la hice caso, era un niño pequeño, la lluvia caía sobre mi cara, e iluminaba un poco más mis ojos de felicidad, saltaba sobre los charcos riendo, ya nada más importaba, el agua me calaba entero y ya no me acordaba que hace un par de minutos estuve llorando porque interrumpieron mi siesta.

Caía el agua del cielo, para mí como por arte de magia, no me hacía pensar, no me preocupaba, veía en el los charcos de barro un mar y en los columpios un barco de piratas dispuesto a surcarlo, el cielo azul a pesar de las nubes grises, los perros que paseaban por ahí tiburones que podían de repente ser dragones con malas pulgas.

Los columpios chirriaban como tímidos de interrumpir mi infancia, mi madre me seguía atenta, sus ojos puestos en mis pasos sin fuerza de niño, pero pasos decididos a dejar una fuerte huella en el mundo, pasos que se escucharían debajo de todo,pasos...pasos al fin y al cabo de un niño, pasos sin problemas a la espalda, pasos felices, pasos que te hacen sonreír...


Y allí estaba yo riendo, la lluvia cesó y ahora mis pasos hacían que lloviera hacia arriba, mi sonrisa reflejada en el agua, y mis saltos estaban acompasados por la risa de mi madre que se preguntaba hasta donde llegaría...



Se separó unos centímetros de mí sonrió y dijo, es una gran historia...

2 comentarios:

  1. Lo es Arturo, lo es. Es una historia con todos los ingredientes. Nunca puse en duda tu imaginación. Era y sigue siendo desbordante. Lo que me maravilla es el poder de plasmarla sobre el papel con tan bellas palabras y tanta sensibilidad como tienes. La lluvia lloviendo hacia arriba, el columpio para surcar los mares y los tiburones siempre a punto para luchar contra ellos...
    Y esa sonrisa tuya y de tu madre...
    No dejes nunca de columpiarte mi precioso niño.
    Me voy a la cama con una de tus sonrisas tan particulares.

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  2. Hola Arturo, con retraso, como mi propia vida, pero llena de intensidad, como este agua que brota de tu felicidad, de tus recuerdos, de tu autenticidad, me gusta pensar que tus dragones y tus sonrisas pueden hacer un mundo mejor... Tqm.

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