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domingo, 9 de octubre de 2011


Se nos olvidaron aquellas calles,
callejuelas que desconocíamos,
aceras que soportan nuestros pasos,
edificios altos, muy altos, donde empiezan las nubes,
y sus pies que nos ven...

Se nos perdieron las horas de esa semana por sus paredes,
los barrios,
esos semáforos que nos controlaban,
el ruido, incesante, pero que te aisla de cualquier otro sitio,
esas pequeñas plantas que crecen en el asfalto,
llevando la contraria de la evolución humana,
y el sol que se escondía tras las ventanas de esas oficinas...

Se moría la tarde, ardía el rey en lo más alto,
naranja, ese que tanto me gustaba,
su idioma, sus reglas, su ciudad, una vida,
la mía, mi cambio...

Antes de que la luna salga definitivamente,
el parque callaba la ciudad poco a poco,
los animales se dormían, la hierba hacía de colchón,
empezaba de nuevo la vida,
la ciudad que nunca duerme...

1 comentario:

  1. Bellísimas imágenes las de tus palabras. Bellísimo ese puente siempre de ida y vuelta.
    Un beso poeta!

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